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Nadie sabe más acerca de la educación democrática que los estudiantes que lo han experimentado desde el interior. No en la teoría, sino en la práctica. ¿Qué se siente al aprender en una escuela democrática? ¿Es difícil adaptarse a la escuela convencional o a otros sistemas universitarios? ¿Cómo te prepara la educación democrática para el mundo real? Echa un vistazo a lo que ex-estudiantes reales cuentan acerca de sus experiencias.

En Sands y más allá. Rachel Roberts

(La vida después del paso por una escuela democrática)
(Traducción Josu Uztarroz)


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Rachel es miembro de EUDEC y profesora de inglés en la Escuela Libre de Leipzig (Alemania), estudió en SANDS, una escuela democrática al sur de Inglaterra, y en este artículo, aparecido en el último Noticiero EUDEC octubre 2010, nos cuenta cómo influyó en ella su paso por SANDS y de qué manera ha determinado su futuro.


Cuando tenía 12 años yo era una estudiante de la escuela pública integral en nuestro pueblo. Yo siempre había sido una estudiante brillante, inteligente, interesada y motivada. Pero ahora tenía problemas. Luchaba con el sistema, la autoridad, manteniendome en los percentiles altos, la presión de los examenes, las presiones sociales y las normas de arriba que no tenían sentido para mí. Me deprimí y enfermé. Dejé de asistir a la secuela, y más o menos dejé de hablar, casi dejé de ser reconocible como yo misma. Mis padres estaban preocupados y desesperados, ¿cuál podría ser la solución? ¿qué podría devolver a su hija de nuevo?

Tuvimos la suerte de vivir en el bello sur de Devon, cerca de la escuela democrática de SANDS. Un amigo de la familia sabía de la escuela, y a través de circunstancias afortunadas se ofreció a ayudar en el pago de la matrícula escolar. Yo había oído hablar de esta escuela, y yo estaba prevenida: ¿no era esta una escuela para niños especiales, niños problemáticos?. Decidí darle una oportunidad, no obstante.

En mi primer día de prueba me senté con un profesor, y me dijo: “¿y qué tal si te digo que no tienes que hacer ningún examen?, de hecho, no tienes que hacer nada que no quieras.” Esto era perfecto. Dentro de mi semana de prueba ya comenzó el lento proceso de volver a mí misma. Sin la presión de los demás, sólo me tenía a mí misma y la altura de mis expectativas, y mis auto-expectativas fueron lo suficientemente altas. Siempre me había gustado la estructura de las normas, pero nunca entendí todas las reglas sin sentido en la vida, aquí podría ser una parte de los que hacen las normas que garanticen que sólo las normas que tienen sentido existan. La escuela me venía como un guante.
Hice muchas cosas en mis 3 años en SANDS. Escribí poesía, hice esculturas locas, trepé, hice un millón de pompones, actué en obras de teatro, bebí tazas de té sin fin, salté en el río, hablé sobre todo, desde los gansos al feminismo, presidí las reuniones escolares, campañas, me comuniqué con gente de todas las edades, escuché y, – en alguna parte dentro de todo – , completé el nivel 8 GCSE de la A-C.

Dejé SANDS sintiéndome indestructible. Me sentía segura, tal vez un poco arrogante. Yo había aprendido una forma de funcionar en este mundo que era respetuosa y tenía sentido. Yo sabía que podía razonar mi camino dentro y fuera de cualquier cosa. Sentí que estaba mucho mejor preparada para el amplio mundo que mis coetáneos. Yo sabía lo que quería y sabía cómo estar motivada para lograr las cosas por mi cuenta.

Esto fue inicialmente malinterpretado como “mala actitud” por mis profesores en la universidad. Ellos sabían que yo había venido de SANDS y esperan que yo fuera una “estudiante problemática” desde el principio. Para empezar, estar de vuelta en las estructuras de autoridad del sistema supuso una verdadera lucha. Pero después de unos meses aprendí cuáles eran los límites y cómo podría ampliarlos dentro de lo razonable, y mis tutores aprendieron a apreciar mis maneras directas.

Me fui a estudiar Sociología en la Universidad de York. Al principios de la universidad todavía sentía que estaba mejor preparada que mis compañeros. Yo ya sabía cómo aprender de manera autónoma, ¿y no es sobre esto sobre lo que es la universidad después de todo? Sufrí un pequeño shock: es este clásico fenómeno del pez pequeño que va del pequeño estanque al gran océano. Nadie me conocía, no tenía relaciones personales con mis profesores, y finalmente me di cuenta de que a pesar de que había estado dirigiendo mi propio aprendizaje, había estado siempre dentro de un ambiente de apoyo reducido, con una gran cantidad de interacción uno a uno. Una vez más fue una lucha. En realidad, tenía que aprender cómo realmente funciona el auto-aprendizaje, pero al final lo conseguí.

Mi interés por la educación democrática no me abandonó. Tomé módulos optativos de “Educación para un mundo mejor” y “Filosofía de la Educación”. Escribí mi tesis sobre “El idealismo conoce la realidad”, discutiendo qué clase de personas pueden ser producto de una educación democrática y en qué medida están o no preparadas para la integración en esta sociedad.

Después de la universidad trabajé durante 6 meses en un hogar para el cuidado de niños. Este fue un reto y una gran curva de aprendizaje para mí. Los niños y yo veníamos de mundos diferentes. Ellos no podían, literalmente, comprender ser tratados o escuchados con la clase de respeto que yo había venido a aprender que todo el mundo merece.

Al salir de este trabajo yo había recordado porqué creía en la importancia de la educación democrática y estaba decidida a hacer algo más activamente. Un día escribí, idealistamente, “trabajos en Educación Democrática” en Google. E increíblemente apareció un internado con la Fundación Phoenix Educación. Se había pasado la fecha límite, pero de todos modos llamé: esto era exactamente lo que quería hacer. Trabajé con Phoenix por poco más de un año, inicialmente como pasante y luego como empleada. A través de esto trabajé con la Asociación de Estudiantes Ingleses de Secundaria (ESSA), en la coordinación de su conferencia anual de Estudiantes y dando charlas en algunas escuelas. Ofreciamos asistencia a las escuelas en el desarrollo de programas para dar voz a los estudiantes, ayudando a que las voces de los estudiantes realmente fueran escuchadas, y para que los consejos de estudiantes funcionaran efectivamente de manera democrática.

Después de un año de hacer esto me faltaba dar un paso más en la dirección radical, y ganar algo de experiencia trabajando con niños más pequeños. Hablé con Anna de Phoenix sobre esto, y ella me sugirió que contactara con la Escuela Libre de Leipzig, personas a las que ella y yo habíamos llegado a conocer a través de EUDEC. Mandé una aplicación por correo electrónico y obtuve una pasantía como trabajadora de lengua materna inglesa en la escuela.
Vine a Leipzig para 6 meses sin saber una palabra de alemán. (Nunca había pensado aprender un idioma. Yo simplemente no quería, así que no lo hice… yo era una estudiante en una escuela democrática como ya sabes.) Ahora, un año y medio después, tengo un puesto a tiempo completo en la escuela, y puedo hablar alemán casi con fluidez.
Sin una educación democrática no sé qué habría sido de mí. Pero definitivamente no estaría aquí haciendo lo que estoy haciendo ahora. Ha dado forma a todo en mi vida hasta ahora y seguirá dando forma a mi futuro.

Mi experiencia en Kapriole…y más allá. Paco Yoncaoba

(Traducción: Paula Bello)


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Asistí a la escuela primaria (5 años en mi caso) en Kapriole, una escuela democrática en Friburgo, Alemania. Después de eso fui a una escuela comprensiva de postgrado (Abitur) en el 2006. Siento que mi tiempo en la escuela democrática, a pesar de que fue más corto que el estado en la escuela estatal, me ha formado de manera significativa para mi vida: creo que ese tiempo me ayudó a mantener esa actitud mental de estar interesado por las cosas de forma natural, disfrutar del descubrimiento y el aprendizaje, y no sentir continuamente que debo demostrar algo a los demás. Me ayudó a convertirme en una persona, yo diría, cuya mente esta dispuesta al contenido de la nueva materia. Cuando miro hacia atrás, a mi tiempo en la escuela primaria, veo aquel entusiasmo que vivía dentro de mí.

Había tantas cosas que explorar, tantas puertas que abrir, y lo maravilloso de todo esto era, ue profesores y alumnos, todos por igual, lo hicimos juntos. Todos tocábamos aquella gran burbuja de conocimiento, juntos, tomando nuestra motivación e interés como motor que nos conducía hacia ello.

Todo el mundo era un miembro de la tripulación, y aportaba su capacidad para conseguir el mejor resultado al final del día. No había nadie que nos alimentara con una materia concreta, nosotros debíamos aprender aquí y ahora. Todos éramos como pequeñas cáscaras de nuez bailando en el inmenso océano del conocimiento, y la escuela era nuestro hogar, el refugio que nos aportaba los instrumentos y materiales necesarios para extraer las partes más interesantes de ese profundo mar.

Más adelante, en mi escuela secundaria, sentía que las personas que escribían buenos ejercicios sin conocer o sin estar interesados en la materia eran más felices que las que lo hacían conociendo y entendiendo, pero escribiendo peores ejercicios. La educación democrática me enseñó a no juzgar mi personalidad por lo ejercicios. Definitivamente me siento bien formado para la vida y preparado para conducirla de la manera que yo decida. Siento que muchas personas a mi alrededor están atrapadas en esquemas – etiquetas (escuela, estudiar, trabajo, familia, seguridad, seguros). Siento que a menudo soy capaz de dar un paso atrás, ver las cosas desde otra perspectiva y después elegir lo que quiero hacer.

En la escuela secundaria a menudo me sentía ralentizado saltando de una prueba a otra. No teníamos tiempo para mirar detrás de la escena. Muy a menudo, sólo aprendíamos cómo coger la manzana sin saber cómo crece el manzano. Más tarde estás perdid@ si no hay una manzana que coger porque no sabes cuál es la causa. Siento que mi tiempo en la educación democrática me ofreció la actitud mental que me lleva a encontrar la causa y fijarla en lugar de estar perdido si las herramientas que tengo no funcionan. Esto es uno de los más valiosos diamantes que yo tomé de aquel momento. A menudo, la gente no reconoce esto como verdadero aprendizaje, sin embargo, para mí es una de las cosas más importantes a aprender en la vida porque, es, por ejemplo, la llave para recuperar las cosas que aprendiste en la escuela y que habías olvidado.

Después de graduarme en la escuela secundaria trabajé varios meses en un proyecto en la India como voluntario, hice el servicio civil en Alemania en un estudio de arquitectura y paisajismo y ahora soy voluntario en un proyecto (hace más de un año, ya) para construir y establecer una escuela democrática en Perú. A veces la gente trata de decirme que estoy perdiendo estos años simplemente porque no estoy estudiando algo. Estoy muy agradecido de haber tenido la experiencia de que no sólo las escuelas y universidades son lugares donde aprender y estudiar, el mundo entero está lleno de lugares a los que puedo ir y donde puedo aprender.

Mi experiencia en Summerhill. Chae-eun Park

(traducción Josu Uztarroz)


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Llegué a Summerhill cuando tenía 7 años y me fui cuando tenía 16, así que pasé allí nueve años. Por este motivo tengo mucho que decir sobre Summerhill o las escuelas democráticas ya que me han dado una vida única.

Supongo que lo primero es que estar en Summerhill, con su libertad, me ha proporcionado una infancia feliz. Podía elegir hacer lo que quisiera, cuando quisiera y donde quisiera. No estaba obligada a hacer algo pero hice mucho. Correr, jugar a juegos, colgarme de los brazos de los más mayores y trepar árboles. Con el tiempo fui haciendo más actividades, comencé a ir a clases y pedí adquirir más responsabilidades dentro de la comunidad, haciéndolo por puro interés y entusiasmo.
Mientras estaba en Summerhill todo lo que quería hacer lo daba por hecho. Presidir una reunión, no ir a clase o pedirle al profesor que me enseñara historia, era parte del día a día. Naturalmente, siempre sabía lo que quería y cómo conseguirlo; sólo con mi propia iniciativa. Como un niño mayor cuando va teniendo muchas responsabilidades en la comunidad: presidir reuniones, resolver problemas de poca importancia en los conflictos generales, organizar eventos, etc.. así me iba sintiendo yo más segura.
Summerhill ha sido una escuela abierta que ha hecho una comunidad más cercana. Los niños y los profesores eran como miembros de una familia más que simples personas que conocías en la escuela. Convivir con amigos pudo traerme choques de personalidad pero ahora siento que era todo parte de una lección que necesitaba aprender en la vida; trabajar y convivir con personas. Nosotros teníamos una gran relación con los maestros, los profesores parecían más como amigos y familia y por eso sentía que era fácil acercarse a ellos. Debido a que era una escuela pequeña yo sentí que ellos pudieron personalizar las clases o cualquier actividad al aire libre que pegara con mis gustos y requiriera de los demás. También porque éramos iguales y no teníamos una barrera clara entre niños y maestros podíamos compartir momentos de intimidad como amigos y hablar de cualquier cosa. Personalmente encuentro fascinante poder hablar con los profesores porque pude oírles hablar de sus experiencias antes de Summerhill. Todavía mantengo relación con algunos incluso después de haber dejado Summerhill, hace ya casi dos años.
En Summerhill aprendí la responsabilidad, la confianza para llevar a cabo acciones de manera independiente y la capacidad para trabajar y convivir con gente. El valor de estas experiencias, han sido especialmente notorias en este último año de mi vida en Londres, en un sistema de educación público, así como en un piso lleno de gente diferente. He descubierto cómo esta transformación de la independencia de Summerhill a la vida de Londres ha sido relativamente fácil porque he sido muy bien preparada durante el tiempo que estuve en Summerhill. Al final de este año tendré la misma calificación que cualquier chico de 18 años en Inglaterra y realizaré las pruebas de acceso a la universidad, incluso después de haber estado todo este tiempo en Summerhill sin prepararme para un supuesto examen. Summerhill no solo me ha dado la oportunidad de explorar mi infancia sino que también me ha dado unos amigos sólidos que son como mi familia y un sentido de independencia y autosuficiencia que tendré conmigo el resto de mi vida.