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¿De qué va esto de la Educación Democrática?

En la definición, provisional, adpotada por EUDEC se dice:
• En la educación democrática los jóvenes tienen el derecho a decidir cómo, qué, cuándo, dónde y con quién aprender, teniendo en cuenta las limitaciones de lo que la escuela es en realidad capaz de ofrecer, y tener el mismo peso en la toma de decisiones sobre cómo sus escuelas funcionan, y qué normas y sanciones, en su caso, sean necesarias.
• La celebración de reuniones periódicas democráticas, con una persona, un voto, es un elemento fundamental de la Educación Democrática. La Educación Democrática no existe sin estas premisas.
Con lo cual se quiere reconocer antes que nada y sobretodo, que niños y jóvenes deben tener la consideración moral de iguales a los adultos, lo que no quiere decir exactamente que niños y adultos sean iguales. Pero sí iguales a la hora de ser tenidos en cuenta, de participar, de ser considerados seres completos con criterio y capacidad para decidir sobre aquello que les afecta, de tener la posibilidad de dirigir sus propios procesos de aprendizaje en base a sus intereses capacidades y habilidades específicas, de dar su opinión, de asumir responsabilidades.
Contaba David Gribble, en el curso organizado por Tximeleta en Pamplona, que en una ocasión tenían que contratar en Sands School a un nuevo profesor para el área de matemáticas. Optaron al puesto dos candidatos, que fueron presentados a los niños, quienes tuvieron la oportunidad de estar con ellos algún tiempo para conocerlos y poder después decidir. Al parecer uno de los candidatos al puesto mostraba una actitud un tanto extraña, los niños decían que cuando le preguntaban algo, él contestaba cosas que no tenían que ver con la pregunta. Así que no debían estar muy convencidos con él.
Más tarde, y mientras se desarrollaba la asamblea escolar en la que se iba a decidir qué candidato contratar, una de las alumnas tuvo que bajar al piso de abajo, donde vio en una de las salas al candidato en cuestión llorando, mientras esperaba la decisión. Probablemente estaba triste porque no esperaba ser él el elegido. Cuando la chica regresó a la asamblea contó lo que había visto y los niños, algunos compungidos, tuvieron la posibilidad de valorar aquella situación.
Finalmente se votó y salió elegido el otro candidato. Simplemente los niños, junto con el resto de miembros de la escuela, optaron por la persona que todos habían considerado como la mejor según su propia experiencia para ser el profesor de matemáticas. Fue una decisión responsable, consciente, y probablemente, difícil.
Sugería Gribble, que la participación de los niños y jóvenes en las asambleas escolares aportaba un elemento de racionalidad y practicidad que los adultos, cargados de prejuicios y envueltos casi siempre en interminables batallas por defender orgullos heridos, habían perdido ya hace tiempo.
Reconocer a niños y jóvenes la capacidad de participar, responsabilizarse y decidir sobre lo que les afecta, abriría una nueva etapa en la conquista de derechos para todos los seres humanos, tal como ocurrió antes con el reconocimiento de derechos para las mujeres o para las personas de raza negra por ejemplo, y nos ayudaría a tener una nueva mirada hacia los niños, reconociéndolos como iguales y permitiéndoles aportar una visión de las cosas que los adultos hemos perdido por el camino, lo que contribuiría a su vez a enriquecer de forma extraordinaria la forma en que vivimos y construimos el mundo.