Loading...
 

Cambio social y Educación Democrática en el siglo XXI

La velocidad de los cambios y la complejidad son elementos característicos y definitorios de las sociedades contemporáneas. En realidad es un proceso que no ha hecho sino comenzar, y que continuará independientemente de la deriva del proceso de globalización planetaria en uno u otro sentido. Este proceso, propiciado en buena parte por la expansión de las tecnologías de la información y la comunicación, de las que Internet es en gran parte causa y consecuencia a la vez, está transformando la forma en que concebimos el mundo y dando paso a una nueva era en la forma de relacionarse los seres humanos globalmente hablando.
Una de las consecuencias que está teniendo la velocidad de los cambios a los que estamos asistiendo, es la incapacidad palmaria de algunos sectores para adapatarse a los mismos, y su resistencia a admitir dicha incapacidad , a la vez que surgen nuevas formas y modos que, lenta y silenciosamente van ganando terreno y apuntan a la emergencia de nuevos paradigmas, lo que provoca una lucha soterrada y no declarada de posiciones en muchos ámbitos. Podríamos hablar, por poner un ejemplo, del distanciamiento entre la clase política y la sociedad, expresada esta en los múltiples movimientos sociales que aparecen por doquier tomado el protagonismo en sus respectivos campos de acción.
Uno de los ejemplos más claro de esto ocurre con la Educación. Todo el entramado educativo actual está montado sobre supuestos y esquemas surgidos del cambio cultural propiciado por la revolución industrial, que incrementó la necesidad de configurar estados nacionales potentes y uniformes por un lado, y de conformar masas de consumidores acríticas y predecibles en sus comportamientos por otro. Una cultura que propició relaciones jerárquicas, competitivas, en la que todo debía estar organizado y alineado en función de unas leyes de mercado que garantizaran cada vez mayores tasas de beneficio a los situados en la cúspide de la pirámide social. Así, la escuela, y el sistema educativo en su conjunto, se conformaron como una suerte de carrera de obstáculos donde sólo los vencedores, los mejor adaptados al sistema, eran considerados aptos para formar parte de la élite del poder económico.
Pero con la llegada de las sociedades complejas, donde las relaciones se establecen en forma de red, y donde los comportamientos sociales son cada vez más difíciles de predecir, la creatividad, la iniciativa, la capacidad de adaptación, de aprendizaje permanente, de trabajar en equipo, de cooperar, pasarán progresivamente a ser elementos decisivos en la conformación de todo el sistema de relaciones sociales, de trabajo, etc. En esta perspectiva, el sistema educativo actual se aparece como absolutamente impotente para llevar a cabo la tarea de formar ciudadanos críticos, socialmente responsables, creativos, autónomos, iniciados en el arte del diálogo y la participación activa y democrática desde jóvenes.
El problema es que en este campo de la Educación, la emergencia de un nuevo paradigma está todavía lejos de tener la entidad y el calado que la importancia del tema requeriría. Hay que reconocer que la ideología dominante sigue ganando por goleada en este terreno y que queda mucho por hacer. En este sentido el movimiento por la Educación Democrática pretende establecer un nuevo marco en el que la Educación cumpla verdaderamente su función de formar ciudadanos preparados para participar y ser los verdaderos protagonistas de sus vidas y de las sociedades del futuro. Y este cambio empieza por la consideración de la importancia de reconocer a niños y jóvenes la capacidad de gestionar sus procesos de maduración y aprendizaje, lo cual evidentemente implica una auténtica revolución sobre la concepción social de la infancia y la juventud.