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La perspectiva de David Gribble sobre la educación y las escuelas democráticas

En las escuelas convencionales los niños son, literalmente, presos: la ley los mantiene así. El aprendizaje de acuerdo con las propias inclinaciones no es una opción; las inclinaciones de los niños no son consideradas relevantes; los adultos les dicen lo que deben aprender. Ellos lo hacen lo mejor posible y disfrutan tanto como pueden, pero siempre se encuentran bajo la autoridad de otra persona, incapaces de conducirse como desearían, incapaces de seguir sus propios intereses. La escuela parece estar diseñada para destruir su individualidad, y convertirlos, como dice el profesor suizo Jürg Jegge, en ruedas dentadas que se irán insertando lentamente en el mecanismo de la sociedad.

  • Los gobiernos no pueden hacer escuelas ideales simplemente alterando la cantidad de asignaturas, o examinando a los niños más a menudo, o comprando más ordenadores o mejorando el ratio personal-estudiantes. La escuela ideal debe tener una atmósfera completamente diferente. Ni siquiera deberíamos tratar de fabricar engranajes.
  • Dan Greenberg de Sudbury Valley School, Massachusetts, comentó que cuando la educación obligatoria se introdujo en el siglo XIX, los padres se opusieron porque impedía a sus hijos aprender algo útil. Ellos querían a sus hijos en el hogar, observando y ayudando a los adultos en el trabajo, aprendiendo las cosas que necesitarían en el futuro. El tiempo dirigido por un maestro era tiempo perdido.
  • Hoy en día la gente parece creer lo contrario sobre los niños, el tiempo no dirigido por un profesor, es tiempo perdido. El péndulo ha oscilado demasiado lejos. Los educadores están tan fascinados por el concepto de enseñar, que se han olvidado de considerar lo que los niños realmente necesitan aprender.
  • El estudiante ideal, al terminar la escuela, debiera ser competente en leer y escribir y en aritmética, por supuesto, pero también feliz, atento, honesto, entusiasta, tolerante, intereses. Que ha disfrutado con su desarrollo, y que ha intentado hacer un buen uso de ellos. Serán personas que se preocupen por los demás, porque se han preocupando primero por sí mismos.
  • La organización escolar convencional parece diseñada para producir personas superficialmente competentes, pero que por debajo, son evasivas, egoístas, despiadadas, frustradas, prudentes, obedientes, tímidas conformistas; estarán satisfechos con logros superficiales y serán fácilmente humillados por sus fracasos en público; han gastado tanto tiempo luchando en la escuela por adquirir conocimientos que no les interesan, y habilidades que son irrelevantes para ellos, que probablemente han perdido toda confianza en el valor de sus verdaderos intereses y talentos. Serán personas que no se preocupen mucho por los demás, puesto que la mayoría, nunca han parecido preocuparse por ellos.
  • El currículo escolar debería dotar a los jóvenes para la vida. Yo diría que la lección que uno recuerda con más claridad de sus años en la escuela es simplemente la importancia de hacer lo que se espera que uno haga, la importancia de cumplir la función apropiada, como un engranaje.
  • En todo el mundo hay escuelas convencionales que ignoran la curiosidad de los niños, reprimen su energía y hacer caso omiso de sus generosos impulsos morales. Y en todo el mundo, como lo he descubierto por fin, hay personas que han visto el daño que esto hace, y han creado escuelas que son diferentes. He escrito sobre unas dieciocho de estas escuelas en Real Education: Varieties of freedom, y sobre otras cuatro, con mayor extensión, en Lifelines. Estas son las escuelas que se niegan a formar a los niños para convertirse en engranajes, y que de hecho ayudan a los niños que han sido educados de tal manera a perder su "engranamiento".
  • En todas estas escuelas, los adultos tienen un respeto fundamental a los niños y creen que es justo permitir que se desarrollen naturalmente como ellos mismos. Los niños no son vistos como arcilla para ser moldeada o recipientes para ser llenados, no son considerados como adultos en prácticas, sino como personas, simple y llanamente personas.